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A pesar de su pequeño tamaño,
Cabrera ha sufrido numerosos avatares con el transcurrir de los
tiempos. Desde épocas remotas, muchos pueblos y civilizaciones
han recalado en estas costas: fenicios, cartagineses, romanos y
bizantinos buscaron aquí refugio, alimentos y agua.
En el siglo XIV se construye el castillo para proteger la isla
de los ataques de los Piratas berberiscos, que se mantendrán
a lo largo de los siglos siguientes, marcando la historia de las
Islas Baleares.
Cuando los vigilantes oteaban un barco pirata, lo comunicaban con
señales de fuego a las atalayas del sur de Mallorca, y de
allí al resto de la isla. Cuentan las crónicas que
una de las penas más duras, peor incluso que ir a galeras,
era la de ser vigía en Cabrera.
A medida que aumenta el control naval sobre el Mediterráneo,
van disminuyendo los asaltos de los piratas, lo que permite que
se normalicen las actividades ganaderas y agrícolas.
En 1809, la batalla de Bailén supone la primera derrota
de los ejércitos de Napoleón en la guerra de la Independencia.
Los prisioneros franceses son trasladados a los pontones de Cádiz,
barcazas que hacían la función de prisiones flotantes,
y de allí a Mallorca, donde se ofreció Cabrera como
alternativa, ante el temor de la población local de tener
que albergar entre 6.000 y 9.000 prisioneros sin contar con las
instalaciones adecuadas. El cautiverio se prolongó a lo largo
de cinco años, hasta que se firma la paz en 1814. Sólo
3.600 hombres volvieron a Francia.
Durante el siglo XIX, se producen algunos cambios en Cabrera,
que culminan a finales de siglo con un nuevo proyecto de repoblación
que vuelve a fracasar. En 1890, Cabrera pasa a ser propiedad de
la familia Feliu, que construye Can Feliu y Es Celler, impulsando
el cultivo de la vid e intentando repoblar la isla. El proyecto
se denominó Villacristina.
En 1916, Cabrera es expropiada por intereses de la defensa nacional,
y se establece una pequeña guarnición de unos treinta
hombres que no afectaba excesivamente a la naturaleza de la isla
y que incluso mantenía cierto control sobre las actividades
humanas. Esta situación cambia en 1973, cuando el Ministerio
de Defensa inicia un programa anual de maniobras militares con fuego
real: cada verano, en plena época de nidificación,
una auténtica invasión militar ocupaba las islas y
dispara toneladas de munición sobre los islotes que rodean
Cabrera, causando la muerte directa de las aves o el abandono de
los nidos.
EL PARQUE NACIONAL
Las presiones y protestas de los colectivos ecologistas dieron
su fruto en 1986, año de las últimas maniobras. Poco
después el Ministerio de Defensa encargó un informe
al CSIC (Centro Superior de Investigaciones Científicas)
para evaluar el impacto de los ejercicios militares en el archipiélago.
A principios de 1988, el Parlamento Balear tomó la decisión
de iniciar el proceso de declaración de Cabrera como Parque
Nacional Marítimo Terrestre, que culminó en marzo
de 1991.
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