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Los datos climatológicos son ampliamente utilizados y resultan
de gran valor en un gran número de actividades humanas. La
mayor parte de las predicciones meteorológicas se realizan
con una antelación que oscila entre algunas horas y quizá
dos días. Las de precipitación y temperatura diarias
se realizan generalmente para períodos de tres y cinco días.
Para lapsos de tiempo mayores, hasta un mes aproximádamente,
es posible dar un avance general de la temperatura, pero cuanto
más largo es el período, menos exacta resulta la predicción.
El procedimiento utilizado por los meteorólogos consiste
en examinar las últimas observaciones del tiempo y el estado
de la atmósfera, y predecir entonces los cambios que es posible
que se produzcan. Cuanto más largo es el período de
predicción, mayor es la cantidad de información necesaria.
Cuando se predice el tiempo para las próximas 12 a 36 horas,
la inercia de la atmósfera es lo suficientemente grande para
que baste considerar tan sólo las condiciones en una pequeña
parte de la Tierra.
Cuando el período de predicción está comprendido
entre tres y cinco días, es necesario conocer las condiciones
iniciales en el hemisferio y tener en cuenta los intercambios de
energía y vapor de agua entre la atmósfera y la superficie
terrestre, particularmente sobre los océanos. Si la predicción
se extiende a dos semanas, las condiciones iniciales deben ser conocidas
en la totalidad de la Tierra y hasta una profundidad de varios metros
en los océanos.
En la actualidad, los procesos analíticos de predicción
se basan en modelos matemáticos, cuyos valores numéricos
son transformados a variables empleadas por modelos informáticos
que configuran mapas de pronóstico, en los que se tienen
en cuenta los movimientos del aire, temperaturas, humedades, evaporación
en el suelo, nubes, lluvia, nieve y diversos mecanismos de intercambio
de cantidad de movimiento, humedad y energía.
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