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A los médicos se les suele pedir que valoren la preparación
de una persona para el buceo o para actividades similares. Si es
posible se recomienda enviar al paciente a un experto reconocido.
Los médicos habitualmente no pueden prohibir el buceo a nadie
y sólo actúan como consultores. Deben explicar los
hallazgos inconvenientes y sus implicaciones. Es prudente que todas
estas actuaciones queden registradas por escrito con el consentimiento
informado del paciente. La evaluación de los submarinistas
y buzos profesionales incluye la realización de una historia
clínica completa y diferentes pruebas complementarias (p.ej.,pruebas
de función pulmonar, ECG de esfuerzo, audiometría,
radiografías óseas).
Los conocimientos actuales indican que las mujeres con estado de
salud normal tienen la misma capacidad para el buceo que los hombres,
salvo algunas excepciones. Sin embargo, algunos estudios sugieren
que las mujeres son más susceptibles a la enfermedad por
descompresión y, por esta razón, deben ser más
cautas que los hombres. Existen datos que señalan que el
buceo aumenta la incidencia de defectos congénitos y muerte
fetal. Debido a que no se pueden especificar los límites
de exposición sin riesgo, se recomienda a las mujeres embarazadas
que no buceen.
La preparación física y psicológica para
el buceo, que se comenta en los textos y manuales de buceo, presenta
algunos requerimientos básicos:
Los buceadores deben ser capaces de cuidar de sí mismos
en un amplio abanico de situaciones. El buceo puede conllevar
un esfuerzo excesivo, incluso aunque no sea previsible realizar
tareas vigorosas. Las botellas de aire son pesadas y la corriente
puede obligar a un esfuerzo intenso. Por estas razones los buceadores
deben estar libres de enfermedad cardíaca o pulmonar importante
y deben tener una capacidad aeróbica superior a la normal.
Son importantes los antecedentes familiares y los factores de riesgo
de coronariopatía. Ciertas arritmias cardíacas, incluyendo
algunas que son tolerables para otros propósitos, aconsejan
descartar la práctica del buceo. Un agujero oval (CIA) persistente
puede permitir que las burbujas de descompresión escapen
a la filtración en los pulmones y puede explicar algunos
casos de enfermedad cerebral por descompresión o de embolismo
gaseoso. Se debe descartar esta patología antes de que la
persona vuelva a bucear. La obesidad grave suele asociarse a una
escasa tolerancia al ejercicio y a un aumento de la susceptibilidad
a la enfermedad por descompresión. Los límites de
edad rígidos son poco razonables, pero los buzos de edad
avanzada requieren una vigilancia especial, sobre todo del sistema
cardiopulmonar. Las limitaciones físicas se deben evaluar
según la capacidad para ayudar a un compañero, así
como para cuidar de sí mismo.
Los buzos deben ser capaces de igualar con rapidez las presiones
en todos los espacios aéreos corporales. Las enfermedades
pulmonares que implican atrapamiento aéreo pueden producir
embolismo gaseoso durante el ascenso. Las contraindicaciones absolutas
son los quistes de pulmón, el enfisema, el asma activo y
los antecedentes de neumotórax. El antecedente asmático
es preocupante por el riesgo de sufrir un ataque debajo del agua.
La congestión nasal crónica, la perforación
de la membrana timpánica y ciertas cirugías otológicas
constituyen contraindicaciones. Se debe evitar bucear durante una
infección respiratoria y en las agudizaciones de una rinitis
alérgica o vasomotora. Las personas que tragan aire habitualmente
o que tienen tendencia a regurgitar pueden presentar problemas durante
la inmersión.
Los buzos no deben presentar alteración del nivel de
conciencia, del estado de alerta o de la capacidad de raciocinio.
Las lagunas, incluso momentáneas, pueden originar errores
bajo el agua que ponen en peligro al buceador y a sus acompañantes.
La epilepsia, el síncope, el alcoholismo y la drogadicción
son incompatibles con el buceo. La diabetes insulinodependiente
es un riesgo porque el esfuerzo intenso puede producir hipoglucemia.
Los buceadores no deben tomar fármacos que produzcan somnolencia
o reduzcan el estado alerta; además, estos fármacos
pueden potenciar la narcosis por nitrógeno. La inestabilidad
emocional es perjudicial para el buzo y sus acompañantes.
Es necesario un entrenamiento adecuado para una práctica
sin riesgo, y existen numerosos cursos de preparación impartidos
por las federaciones nacionales de buceo.
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