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ALTERACIONES POR DESCOMPRESIÓN (Enfermedad de
los diques; nudos)
Trastorno resultante de la reducción de la presión
circundante (p. ej., durante el ascenso de una inmersión,
salida de un dique o cámara hiperbárica o ascenso
a altitud), que se atribuye a la formación de burbujas por
el gas disuelto en sangre o tejidos, y que se caracteriza habitualmente
por dolor y/o manifestaciones neurológicas (v. tabla 285-1).
El término «nudos» se refiere al dolor local
producido por la enfermedad por descompresión, pero se suele
utilizar como sinónimo de todo el síndrome.
Fisiopatología
En un buzo o trabajador en aire comprimido que respira aire bajo
una presión ambiental elevada, la sangre y los tejidos captan
cantidades adicionales de N2 y O2 disueltos. El O2 se utiliza continuamente,
pero el N2 (o cualquier otro gas inerte) se elimina del organismo
sólo por el torrente sanguíneo y los pulmones (al
contrario que su entrada). Los gradientes de presión parcial
determinan la captación y eliminación de gas, pero
el grado de supersaturación (que aparece cuando la presión
del gas en sangre o tejidos es mayor que la presión ambiental)
determina la formación de una burbuja significativa en el
organismo durante el ascenso o después.
Síntomas y signos
El dolor local (los nudos) aparece con más frecuencia
en una articulación del brazo en los buzos y en las articulaciones
de la pierna o cerca de ellas en los trabajadores de aire comprimido.
El dolor, que suele estar mal localizado, es característicamente
difícil de describir, pero se suelen utilizar expresiones
como «profundo» o «como algo que perfora el hueso».
En otras ocasiones, el dolor es agudo y claramente localizado. El
dolor puede ser leve o intermitente al principio, pero puede aumentar
lentamente y llegar a ser muy grave. No suele existir inflamación
ni sensibilidad local y el dolor puede no estar afectado por los
movimientos.
Las manifestaciones neurológicas pueden acompañar
al dolor o presentarse de forma independiente. Aparecen en >50%
de los pacientes con enfermedad por descompresión y son mucho
más frecuentes tras inmersiones con sistemas de aire comprimido
que tras trabajos en diques o inmersiones con el equipo y la escafandra
tradicionales. Los signos y síntomas neurológicos
varían desde la parestesia leve a los problemas cerebrales
graves. La afectación vestibular puede producir vértigo
intenso, que puede ser difícil de diferenciar de una fístula
perilinfática (v. más atrás). Las manifestaciones
tempranas aparentemente inocentes pueden tener consecuencias tremendas,
como paraplejía, que puede ser irreversible si el tratamiento
se inicia tarde o es inadecuado. La lesión inicial suele
ser tan grave que no se puede evitar incluso con un tratamiento
temprano y adecuado. No obstante, parece útil el tratamiento
con sesiones repetidas con oxígeno hiperbárico (v.cap.
292). Los pacientes con lesión de la médula espinal
debida a enfermedad por descompresión tienen un pronóstico
mucho más favorable que aquellos con lesión de la
médula espinal por otras causas.
La asfixia (enfermedad respiratoria por descompresión)
es rara, pero grave. Se debe a embolización masiva por burbujas
del árbol vascular pulmonar. En algunos pacientes, el trastorno
se resuelve espontáneamente, pero sin una recompresión
temprana puede progresar rápidamente hacia el colapso circulatorio
y la muerte. El malestar retroesternal y la tos durante la inspiración
profunda o durante la inhalación de humo del tabaco suelen
ser las manifestaciones iniciales. En estudios animales, la asfixia
está muy relacionada con la exposición a la altura
poco tiempo después de una inmersión. La asfixia y
otras manifestaciones graves que aparecen en las alturas no se corrigen
necesariamente por volver al nivel del mar y pueden necesitar una
recompresión temprana en cámara.
Puede existir prurito, erupción cutánea y fatiga
excepcional. No se suele hacer recompresión sistemáticamente
por estos síntomas, pero como suelen ser precursores de otras
alteraciones más graves, lo buzos que las presentan deben
permanecer en observación. Estos síntomas pueden mejorar
con la administración de oxígeno al 100% con mascarilla.
El edema cutáneo es raro y suele reflejar la obstrucción
de los canales linfáticos por burbujas de gas. El edema persistente
o progresivo se debe tratar mediante recompresión. El moteado
(aspecto marmóreo) de la piel no es habitual, pero puede
preceder o acompañar a trastornos que precisan recompresión.
El dolor abdominal puede reflejar la formación de burbujas
en el abdomen, pero, sobre todo cuando se localiza en la cintura,
puede indicar la afectación de la médula espinal.
Puede aparecer colapso circulatorio, especialmente en casos graves
cuando se retrasa el tratamiento.
La osteonecrosis disbárica (una forma de necrosis
aséptica del hueso) es mucho más frecuente entre los
trabajadores de aire comprimido que entre los buzos. La exposición
prolongada o repetida muy cercana parece implicar un riesgo más
elevado. Las lesiones adyacentes a las superficies articulares,
con más frecuencia en hombro y cadera, pueden lesionar la
articulación, produciendo dolor crónico e incapacidad
grave. La necrosis ósea es insidiosa porque produce síntomas
o se detecta mediante rayos X meses o años después
del fenómeno causal, que puede ser una única descompresión
inadecuada.
Prevención
La formación de burbujas de tamaño significativo
se puede evitar habitualmente restringiendo la captación
de gas; por ejemplo, limitando la profundidad y duración
de las inmersiones hasta unos límites que no precisen paradas
para descompresión durante el ascenso (límites de
no descompresión [no-parada]) o empleando una tabla de descompresión
de aire, como la de U.S. Navy Diving Manual o el National Oceanic
and Atmospheric Administration Diving Manual. Estas tablas proporcionan
una referencia para el ascenso que permiten que el exceso de gas
inerte escape sin ningún riesgo. La enfermedad por descompresión
se produce en muy pocas ocasiones cuando los buzos respetan los
límites de no-parada o cuando se cumplen los tiempos de las
tablas de descompresión. Sin embargo, la percepción
que tiene el buzo de la profundidad, duración y descompresión
no es fiable. Muchos buceadores creen incorrectamente que las tablas
de descompresión reflejan un margen de seguridad muy amplio,
por lo que no las respetan estrictamente. Las actuales tablas y
límites de no-parada, así como los ordenadores de
descompresión que usan los buzos actualmente, tienen un margen
de seguridad más amplio, pero se deben cumplir con meticulosidad.
Los buzos deben respetar la profundidad y los tiempos de los límites
de no-parada, ascender a la velocidad apropiada y hacer una parada
de seguridad de unos minutos alrededor de los 5 m. Pocas tablas
de descompresión están comprobadas en mujeres o personas
de edad, por
lo que estas personas deben utilizarlas con cuidado.
Las inmersiones repetidas pueden producir una enfermedad por descompresión.
Debido a que después de cada inmersión queda un exceso
de gas inerte en el organismo, la cantidad de este gas aumenta con
cada inmersión. Si el intervalo entre inmersiones es inferior
a 12 h, se deben utilizar tablas de buceo repetitivas.
El buceo en altura y el viaje aéreo tras el buceo requieren
precauciones especiales. Se recomienda descansar 24 h en la superficie
antes de subir a una cierta altura después de una inmersión.
Tratamiento urgente
La enfermedad por descompresión requiere recompresión
(v. más adelante). El traslado a una instalación de
recompresión prevalece sobre otras técnicas menos
fundamentales. No se debe retrasar el traslado incluso en casos
aparentemente leves, porque pueden aparecer manifestaciones más
graves.
Las medidas para reducir el edema cerebral o de la médula
espinal están indicadas cuando el paciente presenta síntomas
de afectación del SNC, especialmente si la respuesta a la
recompresión es inadecuada o tarda en producirse.
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