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Debajo del agua los objetos se observan un tercio más cerca
y un cuarto más grandes de su distancia y tamaño reales;
a más de 10 metros de profundidad los colores naranja, amarillo
y rojo desaparecen, todo es gris y azul; además tener una
cámara fotográfica inmóvil es muy difícil;
por todas estas razones captar imágenes en un medio acuático
implica mayores dificultades que hacerlo sobre tierra.
Aunado a las dificultades del medio, está el del alto costo.
Las cámaras subacuáticas para video y fotografía
son de precios elevados y requieren de servicios constantes que
sólo se hacen en el extranjero. Sin embargo, ambos son las
herramientas más valiosas con que cuentan los arqueólogos
especializados en estudiar los vestigios culturales que se encuentran
sumergidos en mares, ríos, lagos, lagunas.
El video y la fotografía de arqueología subacuática
tienen un doble fin, ya que además de ser herramientas de
estudio de gran rigurosidad en su registro, también son expresiones
con méritos artísticos.
Arturo González, investigador de esta disciplina en el INAH
, platicó en entrevista acerca de los retos que implica la
realización del filme y la fotografía subacuáticos.
''La captura de imágenes tiene un primer fin que es la investigación;
tanto el video como la fotografía son herramientas básicas
para el trabajo de los arqueólogos subacuáticos toda
vez que no podemos permanecer mucho tiempo sumergidos a grandes
profundidades, que es donde se encuentran los sitios históricos;
por otra parte, son muy pocos los elementos que removemos del fondo,
la mayoría se quedan ahí sin tocarlos para no romper
su contexto histórico, sólo extraemos los que se encuentran
en peligro de ser saqueados por los buscadores de tesoros o bien
porque es imprescindible para su estudio. Por eso a través
de fotografías y videos continuamos los análisis de
los objetos y de los sitios en el laboratorio, e incluso las compartimos
con otros especialistas quienes nos ayudan a identificar los objetos
sin necesidad de sumergirse."
La foto bajo el agua se complica más porque las condiciones
del medio provocan distorsiones visuales como ver los objetos un
tercio más cerca y un cuarto más grandes; sin embargo
existen cámaras especiales cuyos lentes están hechos
para resolver esos factores.
''En el agua es necesario estar midiendo la velocidad, normalmente
las cámaras subacuáticas no enfocan solas, el fotógrafo
las tiene que ajustar, además es muy difícil mantener
la cámara inmóvil en el mar o una laguna donde hay
corrientes".
''Otro gran reto es la luz, los rayos solares no atraviesan fácilmente
el agua por las partículas que contiene. Debajo de 10 metros
los colores naranja, amarillo y rojo desaparecen, todos se ve gris
y azul, es importante cuidar el tipo de luces que se utilizan ya
que sin una correcta evidencia los resultados en la investigación
de gabinete no son fieles''. Para ello, se ayudan con unas tablas
cromáticas que dan una referencia de colores, las cuales
colocan al lado del objeto y luego en superficie hacen la comparación
de tonalidades. Estas tablillas también tienen escalas de
tamaños. Asimismo hay flash que pueden iluminar un área
menor de cinco metros, sin embargo otra adversidad que tienen que
sortear es el tiempo porque los mejores flash sólo duran
de 30 a 40 minutos.
El tiempo en que un camarógrafo puede filmar bajo el agua
depende de la profundidad; mientras mayor sea ésta es menor
el lapso de filmación; a 60 metros bajo el agua puede permanecer
15 minutos, por eso debe aprovechar cada segundo. Las bajadas son
tan rápidas como el buzo quiera pero el regreso no: el aire
comprimido se mete en los tejidos del cuerpo y es necesario sacarlo
poco a poco; por 15 minutos a 60 metros, el explorador tiene que
permanecer durante cuatro horas a diferentes profundidades hacia
arriba, llamadas paradas de ascenso, para que la acumulación
de aire desaparezca.
Cuando los arqueólogos bajan a captar imágenes es
porque ya estudiaron el sitio previamente y se sumergieron en él
en varias ocasiones, conocen la luz, la profundidad y saben qué
es lo que necesitan captar; tienen las equivalencias en tamaño
y color de cada objeto. Se trata de un paso más de una complicada
investigación, sumamente larga, que requiere de mucha paciencia
para que dé a la luz resultados certeros.
La arqueología subacuática, al igual que la de tierra,
busca proteger, investigar y difundir los restos culturales de los
antepasados, bajo el fondo del mar con las historias que los marineros
de esos siglos no pudieron contar.
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