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Aunque los yacimientos sumergidos más comunes son los de
pecios y naufragios de toda clase, también podemos encontrar
otros incluso más interesantes, como las ciudades y puertos
(tal es el caso de Alejandría, en Egipto, y Port Royal, en
Jamaica). Estos aportan mayor información que los pecios,
por lo menos en cuanto a la vida terrestre de las civilizaciones
o sociedades a las que pertenecen. También hay otras clases
de yacimientos subacuáticos, como los prehistóricos.
En este caso puede tratarse de cuevas o yacimientos paleontológicos,
cuyo interés para un submarinista sin conocimientos arqueológicos
puede ser escaso, pero que desde el punto de vista de la investigación
histórica pueden ser muy importantes. Una de las más
importantes cuevas de este tipo es la de Cosquer, cerca de Marsella
(Francia), cuya entrada está por debajo del nivel del mar
y en cuyo interior se han encontrado representaciones de animales
y manos en negativo (contornos) de entre 30.000 y 15.000 años
de antigüedad.
También podemos encontrar pozos con material arqueológico
en sus fondos, como los conocidos cenotes mayas de México
o el pozo de Aucanada, en Alcudia (Mallorca), en los que hay que
sumergirse con mucho cuidado y con una luz potente, ya que suelen
estar inmersos en una oscuridad casi impenetrable, al encontrarse
en fuentes de agua cerradas y sometidas a una sedimentación
continua.
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