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Antes de excavar un yacimiento sumergido, evidentemente, hay que
localizarlo. Para ello se pueden utilizar varios métodos,
como la simple conversación con pescadores o habitantes de
la zona, la consulta de fuentes documentales, u otros medios más
técnicos, como operaciones de drenado en ríos y puertos,
exploraciones aéreas, o inmersiones.
En el caso de yacimientos con objetos de metal se puede investigar
desde la superficie con radares de detección (side-scanning),
que nos permiten descubrir las anomalías producidas en el
campo magnético por el metal. Los yacimientos tales como
pecios de madera requieren una aproximación bastante cercana
de los submarinistas para poder trazar un plano detallado.
Entre los instrumentos utilizados para la investigación
de yacimientos subacuáticos se encuentran, por ejemplo, los
ROV (Remote Operated Vehicles), que son robots que en operaciones
difíciles pueden sustituir a los submarinistas (como en excavaciones
en alta mar) o los AUV (Autonomous Underwater Vehicles), que son
submarinos individuales; el aspirador con flotador, bolsa de retención
y cesta, que permite succionar y expulsar a la superficie residuos
y sedimentos que estorban la investigación; el bastidor segmentado
o el enrejado metálico colocados sobre el naufragio sirven
para realizar una división en cuadrículas del yacimiento
y poder así dibujar un plano del mismo en el que ubicar los
objetos encontrados.
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