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El gran avance que en las últimas décadas del siglo
XX se han desarrollado en los diferentes campos de la tecnología,
nos permite contar en este tipo de disciplina, con una instrumentación
con la que poder obtener buenos resultados de búsqueda de
objetos de diferente índole y materiales, en grandes extensiones
de agua sin tener que bucearlas en su totalidad.
Nos referimos a el Sonar y al Magnetómetro.
El sonar tiene forma areodinámica, de torpedo, para
evitar en mayor medida la resistencia del agua. El sonar permite
emitir señales acústicas de gran transmisividad en
medios acuosos, mayores que en el aire. Esta señal se desplaza
mediante ondas hasta alcanzar las profundidades del lecho marino
y todo aquello que se encuentra depositado sobre éste. La
señal regresa al sensor, y la diferencia entre la señal
emitida y la reflejada marca las características físicas
del área recorrida.
El magnetómetro se emplea en la localización
de objetos de metal. El sensor capta el campo magnético terrestre
total, incluyendo las variaciones diurnas de la influencia magnética
del sol sobre la tierra. La señal obtenida se estudia y analiza
con la intención de observar registros anómalos, que
son de muy baja intensidad en comparación con el campo magnético
total, pero que nos llegan a indicar la aparición de objetos
de materiales con contenidos magnéticos o ferrosos. La verificación
de los mismos se realizan mediante el buceo, y se evalúa
el interés final del objeto.
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