No, rotundamente no os voy a hablar de cómo llegar a la bonita isla de Boracay,ni tampoco de cuánto os podría costar un viaje a ese recóndito lugar del Planeta. Tan sólo os diré, que es una isla de las muchas que forma el archipiélago de las Filipinas. Que es tan pequeña que tal vez os cueste de encontrarla en el mapa, y que en la isla se puede practicar el buceo, y como estamos en una revista virtual, si os metéis en la Web Fisheye Divers. O introducís la palabra Boracay en cualquier buscador, mágicamente os saldrá toda la información que no os he dado y de seguro que todas las que vuestra curiosidad pueda menester. Y como yo he estado allí, y el motivo exclusivo de mi viaje, fue el de bucear en aquellas aguas, permitirme que os narre la impresión que se llevó, este apasionado del mar, el buceo y la foto-sub.
Empezaré diciendo que allí se encuentra un compatriota nuestro, más bien ciudadano del mundo, llamado Carlos. El regenta el Centro de buceo Fisheye Diver y desde allí como base, y con él como excelente guía, partíamos a diario mis compañeros y yo, hacia los muchos puntos de inmersión que la isla de Boracay tiene. Cuando uno bucea en aguas en las que nunca antes has buceado, se tiende sin poderlo evitar a compararlas con otras ya conocidas, y aunque ya llevábamos más o menos referencias, nos sorprendió la falta de cardúmenes de grandes peces, como en Maldivas o Mar Rojo por ejemplo. Y en algunos puntos en los que si abundaban como en Yapak, increíble punto de buceo, la profundidad y la asquerosa corriente hacía de la inmersión una maravillosa película proyectada a tres veces más de la velocidad normal.
Sin embargo estas aguas son ricas en micro fauna, o lo que en el argot fotográfico llamamos macro, y os puedo asegurar que mi cámara, y las cámaras de mis compañeros de viaje, todos ellos fotografos-sub de contrastada reputación, trabajaban a un ritmo frenético, y los carretes impresos se habrían podido multiplicar de haberse podido cargar la película bajo el agua. El mundo de lo diminuto estaba ante nosotros. Maravillosos y multicolores nudibranquios, crustáceos, peces de extraordinaria forma y color y un sinfín de vida interesantísima de fotografiar, y que fue fotografiada en la medida que se pudo. Los días fueron pasando, y lugares como Cocodrilo, Nasog, Yapak, Laurel, Maniguín fueron quedando en nuestras retinas submarinas.
Los días también fueron agotando nuestras cortas vacaciones, y casi sin darnos cuenta llegó el final de las mismas.Carlos y sus eficientes, serios y profesionales muchachos, nos sacaron de la Isla de la misma manera que nos habían llevado, sólo que en nuestras maletas, cargadas, absurda y excesivamente de equipaje occidental, llevaban en su interior unos pequeños polizontes. Estos eran el recuerdo imborrable de unos pocos días en la lejana y pequeña isla de Boracay, en donde un pequeño grupo de fotógrafos ?sub y amantes del mar, pasaron por ella en Abril del 2001.